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The history of rejectionism
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The history of rejectionism

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The currently wave of antisemitsm is rooted in the antisionism and the rejectionism to a Jewish State. Sadly is seems that the historyreoear itself and the old a and new antisemitism are indeed the same: antisionism

6

LanguageEnglish
PublisherDaniel Farcas
Release dateDec 4, 2024
ISBN9798230555186
The history of rejectionism
Author

Daniel Farcas

Daniel Alejandro Farcas Guendelman Reseñas biográficas Estudios y vida laboral Realizó sus estudios en la Universidad de Chile desde donde egresó como administrador público y Licenciado en Ciencias Políticas En 1992, obtuvo la Beca Presidente de la República para realizar estudios de postgrado en España, donde se especializó en Administración de Empresas en el Institute for Executive Development de Madrid.  Luego, realizó un Ph.D. en Leadership in Higher Education en Capella University, Estados Unidos[1] Entre 2002 y 2010, fue vicepresidente y prorector de la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (Uniacc) y rector del Instituto Profesional IACC. Desde su llegada a Israel en el año 2021 ha sido profesor asociado de la Universidad Bar Ilan. Trayectoria política y pública Durante su época universitaria fue secretario general de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Participó activamente en la Fundación e inscripción del Partido Por la Democracia  Durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, fue nombrado director de la División de Organizaciones Sociales (DOS), dependiente del ministerio Secretaría General de Gobierno. Entre 2000 y 2002, ocupó el cargo de director nacional del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos Escobar. En 2005, asumió como coordinador general del programa de gobierno de Michelle Bachelet, candidata a la presidencia para las Elecciones de ese mismo año. Fue tambien Vicepresidente de la Comunidad Judía de Chile. Legislatura 2014-2018i Diputado del Partido Por la Democracia por el Distrito Nº 17, Región Metropolitana, periodo 2014-2018, sucediendo en el cargo a María Antonieta Saa Díaz.

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    The history of rejectionism - Daniel Farcas

    6

    ––––––––

    Introducción

    Las raíces del antisemitismo

    El antisemitismo, una de las formas de odio más antiguas en la historia de la humanidad, ha influido y moldeado el trato dado a las comunidades judías durante milenios. Desde sus orígenes en antiguos desacuerdos religiosos hasta sus dimensiones políticas y raciales posteriores, el antisemitismo se ha adaptado a los contextos culturales, sociales y políticos de cada época. Su persistencia es testimonio de su capacidad para evolucionar, encontrando nuevas justificaciones y expresiones a lo largo del tiempo. Para comprender el impacto total del antisemitismo, debemos examinar sus raíces históricas y las formas mas diversas en que ha afectado la identidad, la resiliencia e incluso la propia supervivencia del pueblo judio.

    ●  El antisemitismo no es simplemente una reliquia del pasado; es por desgracia un fenómeno vivo y en evolución. Sus fundamentos se encuentran en disputas teológicas, conflictos políticos y tensiones sociales, pero sus

    manifestaciones se han ampliado hasta convertirse en prejuicios económicos, raciales y culturales. Rastrear su increíble desarrollo a través de épocas históricas clave arroja luz sobre su perdurable relevancia y proporciona un contexto para sus implicaciones diversas y multifacéticas manifestaciones modernas.

    —-

    Antisemitismo romano: la génesis del odio religioso y cultural

    Los orígenes del antisemitismo se remontan al Imperio Romano, donde surgió un profundo choque entre el monoteísmo judío y las tradiciones politeístas romanas. Para los romanos, la religión era un deber cívico colectivo, profundamente entrelazado con el orden político y social del imperio. La negativa judía a adorar a los dioses romanos o participar en rituales patrocinados por el Estado se percibió como un rechazo a la autoridad romana y un acto de desafío contra la unidad del imperio.

    El filósofo Bernard-Henri Lévy subraya la importancia de esta tensión:

    > La negativa judía a adorar a los dioses romanos fue vista no sólo como un asunto religioso sino como una afrenta pública al poder y la unidad del Imperio Romano.

    ––––––––

    Los romanos consideraban el carácter distintivo de los judíos como una amenaza tanto teológica como política. El monoteísmo judío, con su énfasis en la adoración de un solo Dios, contrastaba marcadamente con el panteón de deidades romano. Esta diferencia no era meramente teológica; se interpretó como una negativa a integrarse en la sociedad romana. Con el tiempo, esta percepción dio lugar a medidas sistemáticas destinadas a marginar a las comunidades judías.

    La destrucción del Segundo Templo en el año 70 EC y el posterior exilio de judíos de Jerusalén fueron momentos cruciales en los esfuerzos del Imperio Romano por reprimir la resistencia judía. Estos acontecimientos no sólo devastaron la vida religiosa y cultural judía, sino que también marcaron el comienzo de una dispersión judía generalizada, conocida como la diáspora.

    El profesor Michael Ehrlich de la Universidad Bar-Ilan destaca la importancia de este período:

    > "El antisemitismo de la era romana tenía sus raíces en diferencias teológicas, pero su legado perdura.

    —-

    Distinguiendo antisemitismo, antisionismo y prejuicio

    Los prejuicios surgen de prejuicios o estereotipos personales, que a menudo nacen de la ignorancia o la desinformación. Si bien es perjudicial, generalmente está menos organizado y carece de la base ideológica destinada a erradicar a un grupo.

    El antisemitismo, sin embargo, es mucho más que un prejuicio. Es un marco ideológico profundamente arraigado que posiciona a los judíos como chivos expiatorios de los males de la sociedad. Como escribió Theodor Herzl en Der Judenstaat:

    > El antisemitismo es un cáncer, no de la existencia judía, sino de las sociedades que no pueden aceptar la diferencia. Acusa a los judíos de ser la causa de todo sufrimiento, un absurdo tan antiguo como vil.

    ––––––––

    Sergio Edelstein capta el impacto social de este odio:

    ●  > El antisemitismo no se dirige únicamente a los individuos; corre el tejido moral de las sociedades, perpetuando las mentiras y el miedo en lugar del progreso.

    ––––––––

    El antisionismo, a menudo presentado como una oposición política a la idea de un Estado judío, sirve con frecuencia como disfraz del antisemitismo. Al negar a los judíos el derecho a la autodeterminación concedido a todos los demás pueblos, el antisionismo socava la legitimidad misma del pueblo judío. Vladimir Jabotinsky advirtió:

    > El antisionismo no es más que otra forma de antisemitismo. Se disfraza de crítica de nuestra política, pero en última instancia busca el mismo resultado: dejar a los judíos impotentes, sin hogar e invisibles.

    ––––––––

    Andrés Tassara, un líder de Betar, articula el papel del antisionismo en la perpetuación del antisemitismo:

    > *"El antisionismo pretende criticar un Estado pero revela su verdadera cara

    La respuesta sionista: recuperar la identidad y el destino

    Los pogromos de 1881 no sólo destrozaron vidas sino que también sirvieron como un toque de atención para los pensadores y líderes judíos. Figuras como Pinsker, Herzl, Nordau y Ahad Ha’am reconocieron que el antisemitismo no se podía combatir con apaciguamiento o asimilación. En cambio, abogaron por una transformación profunda de la identidad judía, arraigada en la autodeterminación, el renacimiento cultural y la resiliencia.

    Autoemancipación (1882) de Leon Pinsker articuló este cambio, argumentando que los judíos ya no podían depender de la buena voluntad de otros para su seguridad:

    Los judíos no son odiados por lo que hacen sino por lo que son. Los pogromos no son accidentes; son el resultado natural de un mundo que ve nuestra existencia como una amenaza. Sólo a través de la autoemancipación, el establecimiento de nuestro propio estado, ¿Podemos esperar escapar de este ciclo sin fin?.

    Max Nordau se basó en esto enfatizando la necesidad de un rejuvenecimiento físico y moral entre el pueblo judío:

    El pueblo judío, debilitado por siglos de exilio y persecución, debe volver a ser fuerte: fuerte en cuerpo, fuerte en espíritu. Una patria no es sólo un refugio; es la base de una identidad judía nueva y revitalizada.

    Las raíces filosóficas de la resiliencia

    Ahad Ha’am aportó una perspectiva cultural al sionismo, enfatizando que la supervivencia del pueblo judío dependía no sólo de una patria física sino de un renacimiento cultural y espiritual. Para él, los pogromos subrayaron la urgencia de esta misión:

    Las masacres que soportamos no son sólo ataques a nuestros cuerpos sino a nuestro espíritu. Si queremos sobrevivir, debemos reclamar nuestra identidad, no sólo como individuos sino como nación unida por valores compartidos y un destino común.

    Esta visión resonó en pensadores como Einstein, quien, aunque no como un sionista político, comprendió la necesidad existencial de la unidad judía:

    El pueblo judío, disperso pero unificado, ha demostrado una resiliencia sin igual en la historia. Pero la resiliencia por sí sola no es suficiente; también debemos garantizar nuestra dignidad a través de la acción colectiva y la autodeterminación.

    La crítica de Einstein al antisemitismo lo enmarcó como una enfermedad social que sólo podía curarse mediante la educación y la justicia:

    El antisemitismo no es sólo un problema judío; es un problema humano. Revela los fallos morales de las sociedades que no pueden aceptar la diferencia. La solución reside en combatir la ignorancia con conocimiento y el odio con unidad.

    Aquí hay una expansión más detallada con ideas adicionales y citas de Edward Lindembaum (Eddy for life) para enfatizar aún más sus contribuciones:

    —-

    La amenaza única del antisemitismo

    A diferencia de los prejuicios, que a menudo pueden mitigarse mediante la educación y el diálogo, el antisemitismo representa una forma de odio mucho más profunda y peligrosa. No se trata simplemente de un prejuicio o un malentendido; apunta a la esencia misma de la identidad y existencia judía. La advertencia de Ahad Ha’am sigue siendo dolorosamente relevante:

    > El antisemitismo no exige que los judíos se comporten de manera diferente; exige que los judíos dejen de existir. Esto no es una crítica; es una ideología aniquilacionista.

    ––––––––

    Esta ideología destructiva persiste en nuevas formas, sobre todo en el surgimiento del antisionismo, que se disfraza de crítica política y al mismo tiempo alberga la misma animosidad central. Como ha observado Einat Wilf:

    > "El antisionismo rechaza la idea de que los judíos, como todos los demás pueblos, tienen derecho a la soberanía. Niega nuestra historia,

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